Durante una semana, las aulas de la Clase III se han transformado en un mercado real a su medida. Con su propia pescadería, carnicería, panadería y frutería, los niños y niñas han sido los protagonistas de un juego profundo, espontáneo y lleno de simbolismo.
Preparando el terreno: De la teoría a la acción
Antes de la gran inauguración, el grupo se preparó en clase practicando con entusiasmo los roles de tenderos y compradores. Pero la verdadera magia comenzó cuando el Mercadito abrió sus puertas:
- Lenguaje en acción: Adquirieron vocabulario específico y practicaron fórmulas de cortesía («¿Qué desea?», «Gracias, que tenga un buen día»).
- Matemáticas vivas: Pesaron frutas, envolvieron pescados y formularon sus primeras hipótesis sobre pesos, cantidades y precios.

Rincones de sorpresa y superación
El realismo de los puestos generó todo tipo de emociones. La carnicería y la pescadería despertaron asombro y una pizca de cautela: mientras algunos pedían con entusiasmo «alitas de pollo» o envolvían una trucha con cuidado experto, otros prefirieron la seguridad de la panadería o la frutería, rodeados de olores y texturas más familiares.
El momento estrella: La mesa de degustación fue una experiencia compartida inolvidable, donde cada niño se atrevió a probar nuevos sabores y a celebrar el encuentro en torno a la mesa.
Sin duda, una de esas semanas que se guardan en el corazón de la infancia como un recuerdo imborrable.








