Home / Sin categorizar / Clases 15: Aranjuez, arquitectura del siglo XVIII in situ

 

A lo largo del mes de noviembre los alumnos de las 15 han disfrutado de unas clases magistrales in situ sobre el arte y la arquitectura que estudian en sus programas: la visita al Real Sitio de Aranjuez se plantea para llevarse a cabo al tiempo que se descubre en el aula la Historia y el Arte español del siglo XVIII.

Analizan el Palacio Real, un edificio que ha sufrido muchas transformaciones, ya que, aunque se inició en el Renacimiento, debe la mayor parte de su estado actual a proyectos y ejecuciones del siglo XVIII. Así la fachada oeste o principal –realizada en época de Fernando VI en estilo barroco clasicista– modificará la antigua traza de Juan de Herrera y, ante ella, el profesor, ayudado por los alumnos que ya conocen los elementos arquitectónicos, va nombrándolos y fotografían los arcos de medio punto, frontones, etc. Al mismo tiempo perciben que la reforma dieciochesca ha mantenido cierto recuerdo herreriano en el frontis que remata el cuerpo central y los remates en forma de bolas.

Unos veinte años más tarde, a ambos lados de esta fachada, añadió Sabatini por orden de Carlos III dos nuevas alas que amplían el edificio y forman el patio de armas. Comparando una y otra obra, observamos mayor sobriedad decorativa en la de Sabatini, que no presenta ni los tres órdenes superpuestos, ni frontones partidos o decoraciones que impidan valorar la piedra blanca de Colmenar y el ladrillo rosa por sí mismos, aunque mantiene la estética general de la fachada principal. En el interior los alumnos admiran la majestuosa escalera de Bonavía, prestando especial atención a la reja rococó.

Los chicos entran también en contacto con el urbanismo ilustrado. La arquitectura de esa época no se ocupaba sólo del edificio sino también de su entorno, del paisajismo en la urbanística. Para apreciar el conjunto nos situamos en los bellos bancos de la plaza semicircular con sus tres avenidas radiales o tridente. Bajo los enormes plátanos nos damos cuenta de la importancia de la arquitectura vegetal para reforzar los grandes ejes ceremoniales, apropiado complemento de las residencias reales, siguiendo el gusto de Versalles. Destacamos el sentido escenográfico de Bonavía que situó la ciudad de manera que, una vez atravesado el puente sobre el Camino Real, se tuviese una vista en abanico: hacia poniente el Palacio y jardines de la Isla, hacia naciente el tridente con la calle de la Reina, del Príncipe e Infantes y, de frente hacia mediodía, la plaza de San Antonio.

Visitamos igualmente los jardines, en cuya composición se encierra alguna aportación de casi todos los Austrias y los Borbones. Desde el Palacio al Jardín de la Isla volvemos a recordar a Felipe II y a Juan de Herrera cuando atravesamos los soportales de las Casas de Oficios que realizó Herrera y visitamos el Jardín del Rey, ambos de la segunda mitad del siglo XVI. Tras pasear por el Jardín del Parterre, de inspiración francesa, descubrimos las obras hidráulicas del meandro del Tajo, que dieron lugar al Jardín de la Isla, planificado por Felipe II y acrecentado por Felipe III y Felipe IV. Al pasear por sus ordenadas calles, reflejo del ideal platónico de la naturaleza, se evocan las antiguas huertas y molinos y se admiran las fuentes de Hércules y la Hidra o del Niño de la Espina, así como los grandes plátanos y castaños centenarios.

 
Compartir